La tos, de Alberto Otto: una novela absorbente que se lee con todo el cuerpo

Reseña del libro "La tos", de Alberto Otto.

Algunos libros se leen con los ojos y otros comprometen el cuerpo entero. La tos, de Alberto Otto, cabe dentro del segundo grupo. Y es que esta novela cuenta la historia de un hombre a quien persigue una tos desde la infancia. Lo acecha por la espalda y lo acompaña adonde vaya, salvo cuando está dentro de casa. Ese, en pocas líneas, es el argumento. Pero la magia de esta obra adictiva, tierna y estremecedora va mucho más allá de la trama: es la suma de elementos sutiles lo que convierte a este libro en uno de mis tesoros literarios de 2025.

Lo primero que quiero destacar es la reivindicación de la oralidad. Y es que la historia del hombre atosigado por la tos es contada por su hijo, quien nos aclara que está en el salón de su casa narrando en voz alta, como en una confesión. Tal vez por eso La tos es una novela sensorial, especialmente sonora. Otto nos sumerge en paisajes, olores y sonidos con una maestría poco común.

Desde este sillón que huele tan bien, que aguanta mi peso y me acompaña, voy a contarlo todo”, dice la primera línea. Y en pocos segundos ya estamos dentro de su universo.

Y esta capacidad de envolvernos no cesa en ningún momento, sino que se atenúa y nos invita a leer también con los oídos:

…sonaba la revista. El papel rozando el pijama al pasar las páginas. Eso fue lo que escuché con la cara pegada a la puerta.

Paradójicamente, La tos es también una historia de silencios. De todo aquello que no nos atrevemos a decir o a preguntar. Esa tensión atraviesa el vínculo entre el narrador, su padre y su abuela, otro personaje clave de esta historia que logra conmovernos con su actitud de cuidado.

El libro también habla de la vulnerabilidad, claro. No solo la del padre, encerrado por miedo a su tos, sino también la del hijo y la abuela —una vieja adorable y tozuda— y de todos esos adultos que cargan heridas sin hacer alarde de ellas.

Quizás —y esta es mi lectura— la tos que persigue al padre sea una metáfora de los fantasmas que nos persiguen a todos. A veces hacen ruido; otras, apenas susurran pensamientos que se cuelan por las fisuras de la mente. Por eso pienso que esta es también una novela sobre la salud mental, aunque nunca se la nombre.

Leído así, La tos podría parecer una novela triste. Y lo es, a ratos. Pero es también una historia dulce, poética, con chispa. Que conmueve, sí, pero que también nos arranca sonrisas sinceras. Porque el autor logra lo más difícil: hacer reír en medio de la tristeza, sin burlarse de ella. Y nos invita también a recrear algunas escenas que rozan lo ridículo y lo escatológico para salir del drama y recordar que esta es una historia de gente común, que también se desnuda y va al baño.

A riesgo de ser reiterativa, la lectura de La tos te absorbe. Desde la primera línea te sumerge en su mundo. Y aunque la trama no responde todas las preguntas —detalle que considero un acierto—, nos invita a completarla con nuestra imaginación. Es también un ejercicio de sutileza, porque sugiere más de lo que dice y eso nos convierte en cómplices del narrador.

Quiero decir también que los personajes son entrañables y excéntricos; a veces rozan la sociopatía, pero su motivación es tan humana e inocente que terminamos queriéndolos.

Esta es la primera novela de Alberto Otto y ojalá no sea la última. Para mí, ha sido un descubrimiento. Un tesoro inesperado. Y un gran acierto de la editorial Caballo de Troya, que vuelve a apostar por una voz distinta en la literatura española.

La recomendaría incluso con los ojos cerrados.

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